Monday, July 30, 2012

Fallecimiento de Hidalgo Menéndez Mena


Foto: Nota necrológica
Hidalgo Herberto Rodolfo Menéndez Mena (n. 14 de septiembre de 1885) fue hijo de don Rodolfo Menéndez de la Peña y Flora Mena.

El 16 de mayo de 1956, el Diario de Yucatán publicó la siguiente nota necrológica:

El Lic. don Hidalgo Menéndez Mena.- Silenciosamente -como había vivido-, ayer en la madrugada se extinguió en esta capital la laboriosa existencia de nuestro fraternal compañero Lic. don Hidalgo Menéndez Mena, hijo del inolvidable pedagogo don Rodolfo.

Hidalgo se graduó de abogado, no por vocación, sino por el criterio predominante en una época periclitada ya. Se creía entonces que tener un título de primera clase era el primer paso en firme hacia la conquista de un porvenir brillante. Por eso hubo -ahora son menos y lo serán cada vez en menor número- médicos que resultaron historiadores, abogados que se consagraron a las letras e ingenieros que volvieron las espaldas a la tabla de logaritmos.

Después de breves escarceos en los primeros años profesionales, Hidalgo Menéndez arrumbó los códigos y entró de lleno, de por vida, en el babélico mundo de la letra impresa. No era articulista ni cronista ni reportero. No vino al periódico -concretamente a La Revista de Yucatán de la primera época-, como tantos otros en busca de reclamo, de publicidad, para hacerse de un nombre que le sirviera de trampolín en la política; o, como tantos otros también, por la vanidad de que una columna, escrita muchas veces sin talento y hasta ayuna de letras, le acreditase en la provincia como intelectual.

Ajeno a vanidades infantiles, a exhibicionismos de escaparate, Hidalgo Menéndez fue, sencilla y llanamente, un periodista de los que hacen todos los días el periódico, de los que arriban enteros, invulnerables al sueño, a la alta noche de la Redacción, y llegan al cierre de la madrugada con una sonrisa en el alma y en la esquna de la boca, humedecida por la última taza de café, el penúltimo cigarrillo... el penúltimo, porque el último había de fumarlo ayer en su lecho de enfermo resignado y agónico.

Primero en la corrección de pruebas -mirador del periódico por donde desfilan el editorial concienzudo y la crónica efímera, la vanidad de las notas de la sociedad y la modestia amable de las correspondencias del Interior-, allí, con la calva incipiente, Hidalgo demostró su hercúlea fortaleza espiritual de trabajador incansable. Cuando las aves de paso en la Redacción empalidecían a la hora del galicinio y se adormilaban sobre el pequeño Larousse o sobre el paquidérmico diccionario de la Academia; cuando las aves de paso plegaban las alas, el Lic. Menéndez Mena, pluma en ristre, seguía cazando gazapos, o sujetaba el gerundio para que no se proyectara hacia el futuro, o recordaba el presente de indicativo de asir, galimatías en el original de un profesor normalista...

Después, la modernización de los servicios, el gigantesco avance de las comunicaciones por telégrafo y radio, lo trasladó al mundo internacional de los cables extranjeros. Vivió, junto a su máquina de escribir, revoluciones y cuarteladas, gobiernos y desgobiernos, contrucciones y derrumbamientos políticos... y las dos grandes guerras mundiales. Lupa en mano, recorría inquisitivamente planos y más planos, para localizar minúscula población que era teatro de estratégica batalla, o los afluentes de un río que sirvieron de emboscada a un mariscal de renombre.... Así una noche y otra noche, hasta las mil y una noches....

La grave dolencia que lo obligó a desertar hace pocos años de su puesto de vigía siempre alerta, pareció estrellarse, no contra su monacal constitución física, sino contra su sólido espíritu ayuno de temor a la muerte. Sin embargo, cuando todo auguraba su restablecimiento, una penosa complicación lo venció definitivamente en la madrugada de ayer, próximo a cumplir sesenta y seis años de edad (ver nota al final).

Hosco y huraño, Hidalgo escondía, bajo la corteza de un trato difícil por su carácter individualista y su amor a la soledad, la rica vena espiritual de su indiferencia por los convencionalismos y vanidades mundanas. Su última disposición fue el deseo, cumplido ya, de que se le sepultara ayer mismo con la máxima sencillez, como si le cantaran en el alma los viejos versos de Antonio Machado:

Y cuando llegue el día del último viaje
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Hidalgo se ha ido y no se ha ido. Todas las madrugadas le hemos de ver en su sitio de siempre, junto a la Smith que no cambió nunca, con la lupa en la mano, revolviendo cables y con el cigarrillo en los labios....

o0o

El Lic. Menéndez Mena descansa desde ayer en el Panteón Florido. DIARIO DE YUCATÁN, al lamentar la desaparición del querido compañero, deja una corona de siemprevivas sobre la tumba recién abierta y hace presente a los deudos, de manera singular a su señora viuda Da. Estrella González e hija Sra. Neiva de Osés, el cordial testimonio de su condolencia y simpatía.


Nota del administrador de Los Menéndez en Yucatán: Aunque el Diario indica que Hidalgo tenía casi 76 años al morir, lo cual significaría que nació en 1880, esto sin duda es erróneo, ya que los archivos del Registro Civil (disponibles en FamilySearch y en el Archivo General del Estado de Yucatán) nos indican que nació el 14 de septiembre de 1885, lo que significa que murió a los 70 años de edad.

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